Reflexiones

LA MENTIRA TIENE MIEDO, LA VERDAD CAMINO

Siempre que (nos) mentimos lo hacemos por miedo. Al qué dirán o al qué nos diremos. Yo siempre prefiero el dolor que me pueda causar una verdad a la desconfianza y deshonestidad que provoca una mentira.

Al final, siempre acaba pasando factura. Una relación con alguien en quien no confías, para mí, no tiene ningún sentido. Vas a estar continuamente con la lupa, aunque no quieras. Por ello, a mi vera quiero a personas que tengan la valentía de decirme la verdad, me pese lo que me pese. Y con la verdad no me refiero a los “te queda mal ese peinado o esa camiseta”. No me refiero a los gustos, que cada uno tiene los suyos.

Para que alguien sea honesto con los demás, debe atreverse a ser honesto consigo mismo. Una no se da sin la otra. Admiro a aquellos que se miran al espejo y asumen sus supuestas debilidades, sus supuestos defectos, sus supuestas imperfecciones, sus supuestas rarezas. Y caminan con ellas, agarrados de la mano, sin maquillarlas para que el mundo no las vea.

Me encantan esas mujeres que van con su verdad por delante. Que las gritan a los cuatro vientos con el silencio de su SER y de su ESTAR. Que no necesitan que nadie les dé palmaditas en la espalda o les llenen el ego de “me gustas” y de trofeos. Esas mujeres independientes de Verdad que pasan desapercibidas porque no dependen de la percepción de los demás. Esas mujeres que también tienen miedos, inseguridades, que lloran, que se caen, que se pierden y que se atreven a caminar por la oscuridad de su desierto para ser fieles a sí mismas.

Me enamoran todas y cada una de ellas sin importarme una mierda los kilos supuestos de más que tengan en su cuerpo y los euros de menos que supuestamente les falten a sus bolsillos.

Me enamora la inteligencia emocional, la rapidez mental, la ironía, la sabiduría, la valentía, la sensibilidad, el principio de lealtad, de dignidad, de responsabilidad, de respeto y de honestidad. Me ponen las que leen, las que debaten , las que reflexionan, las que se cuestionan, las que dicen No aunque el resto digan SÍ, las que miran directas a los ojos y no directas al selfie, las que prefieren quedarse solas que mal acompañadas, las que no abanderan banderas que luego pisotean en su día a día. Me enamoran las que se atienden a sí mismas y no las que necesitan atención continua.

Hay miedo. Mucho miedo. A no ser amados. A nos ser queridos. A ser abandonados. Un miedo que no existiría si dejáramos de contarnos tantas mentiras. Si nos asumiéramos tal y como somos. Si en lugar de llenarnos la piel de tantos disfraces nos vistiéramos con nuestra propia desnudez. Para que los demás nos vieran así de auténticos. Así de naturales. Así de humanos. Sin pintarnos los ojos para cambiarnos la mirada. Sin ponernos tacones para estar a la altura de una sociedad que se mide por su superficialidad.

Nos estamos continuamente mintiendo. Por dentro y por fuera. Por delante y por detrás. A nosotros mismo y a los demás. Y así, pretendemos dormir en Paz.

No tienes que ser perfecta. No tienes que llegar a ninguna meta. No tienes que estar delgada ni ser rica. No tienes que ser la más rápida ni la más exitosa ni la más seguida. Ni siquiera tienes que ser conocida ni reconocida. Sólo tienes que ser TÚ. Con tus arrugas, con tus grasas, con tus dientes torcidos, con tus manías, con tus entradas y con tus salidas.

¿Sabes quién es la persona más evolucionada, más consciente, más sabia y más iluminada? Aquella que al despertarse, se mira al espejo, tanto por dentro como por fuera, y no tiene ninguna necesidad de ser otra. De pensar de otra manera. De sentir de otra manera. Ni de tener una vida diferente a la que ya tiene.

¿Y eso cómo se logra? Dejando de CREER que tienes que alcanzar lo que en este momento no eres ni tienes PARA sentirte mejor de lo que AHORA te sientes.

Es decir, RINDIÉNDOTE a lo que la Vida, en éste y en cada Instante, te está Siendo. Es así de simple. Es así de sencillo. Así de VERDAD.

Repito:

El problema no es lo que eres (ni cómo eres), lo que te sucede, lo que piensas o lo que sientes. El problema es CREER que eso es un problema. Esa creencia de “no estoy siendo, pensando y sintiendo correcto” es la que te lleva a juzgarte, a condenarte, a castigarte, a no aceptarte, a no amarte y a desear corregirte, arreglarte y mejorarte. Con todo el dolor que esto conlleva.

Y con esta mentira se CREAN el resto de las ramas que cortamos y cortamos y cortamos, una y otra vez, creyéndolas la raíz.

Sólo COMPRENDIENDO que la Vida ya es perfecta, que tú ya eres perfecta, y que no TIENES QUE cambiar nada de ella ni de ti, podrás vivir en Paz. En esa PAZ tan expansiva, tan amplia, que también incluye la tristeza, el sufrimiento, el vacío, la rabia, el conflicto y la soledad. Porque cuando te ASUMES, cuando te aceptas, cuando te amas, lo haces con TODO lo que eres. Sin excepciones. Sin exclusiones.

Lo llaman AMOR INCONDICIONAL.

No se trata de perfumar nuestra mierda. Se trata de no rechazar su olor.

Y poco más.

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