Reflexiones

ELEGIR CON EL CORAZÓN

Hay momentos en los que la Vida te lo pone difícil a la hora de ELEGIR porque te lleva al límite de la situación en la que te encuentras para ver hasta qué punto eres capaz de escoger con el Corazón. De apostar por aquello que te hace más ilusión en lugar de por aquello que te da seguridad.

Al final es una cuestión de confianza en la Vida. Una cuestión de SABER esperar. De tener paciencia. De no apresurarse. De no quedarte con lo primero que te llega, por muy tentador que sea. De ESCUCHARte muy bien. De ser muy honesto contigo.

¿Es esto lo que de verdad quiero? ¿Me motiva lo suficiente como para que cada día me levante con una sonrisa en la boca y no con un peso sobre mi espalda?

Estas respuestas te las responde el Corazón. Cuando es un No, en mi caso, siento tristeza, opresión en el pecho, rechazo hacia esa posibilidad que me puede dar mucha estabilidad, mucho dinero, pero nada de ilusión. Mi mente intenta autoengañarme para que le haga caso a ella. Y me llena de miedos donde el futuro se ve oscuro. Entonces vuelvo al Presente, al Aquí y Ahora, a lo que tengo en este instante y a dónde me gustaría llegar. Y realizo un acto de absoluta confianza hacia esa INTUICIÓN tan fuerte que me está diciendo que “por ahí, NO”. Y me veo anulando entrevistas de trabajo que cualquiera aceptaría sin pensárselo tan solo porque a mi CORAZÓN no le gusta esa opción. Sin ninguna otra razón más.

Cuando te quedan dos meses para que se te acabe el paro, cuando estás viviendo sola y pagando un alquiler, cuando ves que te estás quedando sin los pocos ahorros que tenías, decir NO a una trabajo “muy bueno” parece una insensatez. Pero si hay algo que he aprendido en estos últimos años, en estos últimos meses, en los que me he visto en la misma situación, es que, al final, “Dios aprieta pero no ahoga”. Y que un trabajo al que no vayas contento, con ganas, te acaba arrebatando tu felicidad y tu paz.

Y quizás ese trabajo al que le dices SÍ no tiene nada del otro mundo. Es muy parecido al que decías No. Pero tiene “algo”, quizás los compañeros, el ambiente, que es lo que marca esa diferencia entre sentir alegría por ir o tristeza.

Y me dirás: -Ya, pero eso cuando escoges no lo sabes.

Y te digo: – Es la mente la que no sabe. El Corazón, la Intuición, lo tiene claro.

Por eso, se trata de tener FE en ella. En Él. Y apartar tus miedos para que sean tus latidos los que te guíen.

A mí me han ocurrido cosas “milagrosas”, inesperadas, inconcebibles, cuando he seguido a mi Corazón. Y sé que es muy difícil “confiar en lo que no se ve”. En lo que no tiene ninguna explicación científica. Me ha costado mucho llegar a este punto de “lo dejo todo por lo que siento y no por lo que pienso” porque soy muy mental. Pero cuanto más te escuchas, más fácil es distinguir uno del otro porque esos síntomas de molestia, de sensación de ahogo, tristeza, son cada vez más fuertes. Más intensos. Y ya no te permiten decir SÍ a lo que es NO.

Siempre sabemos qué es lo mejor para nosotros, pero no siempre nos atrevemos a elegirlo.

Porque el Miedo nos gana. La impaciencia nos gana. La inseguridad nos gana.

Poco a poco vas aprendiendo qué es lo IMPORTANTE en la Vida. Qué es aquello de lo que puedes prescindir y aquello de lo que no. Y para cada uno será algo diferente porque cada uno tenemos nuestra personalidad y nuestras prioridades. Pero la llamada, la Voz del Corazón, está en TODOS.

Yo seguiré arriesgándome. Seguiré esperando. Y mientras busco, aunque no sepa qué busco, seguiré apostando por mí. Por el lugar, la persona, que siento que me va a sumar y no a restar. Y eso no significa que la incertidumbre, el miedo no me acompañe. Claro que se presenta también. No soy un robot ni una máquina fría e insensible. También soy vulnerable. Pero yo DECIDO qué hacer con él.

Si no estás en Paz contigo misma, no puedes estarlo con los demás. Y para estar en Paz contigo misma, debes ser COHERENTE con tu Sentir (sin olvidarte de tus responsabilidades).

No permitas que el Miedo guíe tu Vida y tome las decisiones. Porque con Miedo no se puede ser Feliz ni sentir Paz. Y no estoy hablando en ningún momento de no sentir miedo, sino de no dejar que el miedo te domine.

CONFÍA. CONFÍA. CONFÍA.

Al menos, no te arrepentirás de no haberlo intentado.

Y QUE SEA LO QUE TENGA QUE SER.

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