Reflexiones

HUMANIDAD COMPARTIDA

Hay una terapia a la que se acude muy poco. Que no se tiene en cuenta. A la que no le damos importancia. Se llama Humanidad. Se llama Escucha. Se llama Estar. Se llama AMOR.

La mayoría de las veces no necesitamos que ningún psicólogo, psiquiatra, terapeuta, se ocupe de nosotros. La mayoría de las veces lo único que nos ocurre es que estamos viviendo la otra cara de la moneda de la Vida, que también forma parte de la vida. Pero nos hemos creído que TENEMOS QUE estar siempre alegres y contentos. Sonrientes. En lo más alto. Y que cuando otras emociones, otros estados, nos visitan, es que no estamos sanos.

Nos hemos inventado tantos incorrectos, tantas taras, que nos pasamos la vida intentando arreglarnos. Como si SENTIR fuera un error. Como si estar perdidos fuese una “perdición”. Como si las tormentas debieran ser eliminadas de inmediato. Como si el caos fuera un pecado.

Es un pensamiento que nos creemos: “Estoy mal. Algo en mí está fallando. No debería estar sintiendo o pensando esto” etcétera. Es un juicio. Y tras ese juicio, surgen las etiquetas. Los diagnósticos. Los trastornos. Que nos tatuamos en nuestra mente y en nuestra piel y pasamos a sufrirlos en lugar de a vivirlos. En lugar de a experimentarlos. En lugar de a sentirlos.

Queremos una vida perfecta donde el perfecto es sinónimo de “estar y sentir siempre bien”. Y cuando no lo hacemos, cuando la vida nos muestra su Verdad, enloquecemos. Pero no porque estemos y seamos locos, sino porque nos creemos que ese forma de sentir es una locura. Cuando SIMPLEMENTE es otra forma de expresión de la Vida.

Algunos dirán: “Pero es que a mí esa forma no me gusta. Yo quiero la cara bonita

Ya, pero a Dios, a la Vida, no le interesa tu opinión ni la mía. La Vida ES la que ES. Es ella la que manda y no nosotros. Es ella la que controla y no nosotros. Es ella la que maneja la barca en la que estamos navegando y no nosotros.

Y cuanto más nos resistamos a esta Verdad, más sufriremos. Cuanto más queramos planearla, más nos frustraremos. Porque de lo único que podemos estar seguros es de lo que nos está sucediendo en cada Instante. Es en este Presente en el que nos encontramos. En el único en el que la Vida Es. En el que nosotros Somos. Y ese ‘somos’, seamos como seamos, no podemos cambiarlo porque ya se está dando.

No podemos no sentir lo que ya estamos sintiendo. Y creer que realizando ciertas técnicas, mañana podremos estar “mejor” que ahora, es una farsa. Porque no podemos decidir cómo nos vamos a sentir. Ni qué vamos a pensar. Ni cómo vamos a reaccionar ante según qué situaciones.

A la mente le da pánico lo desconocido. Lo que está fuera de su control. Por eso NECESITA sentirse segura constantemente. Por eso te lleva a realizar mil y un talleres, a que aprendas mil y un métodos para sentirte segura. Creyendo que cuando la experiencia aparezca, la teoría que has aprendido servirá de algo.

Aprendemos MIENTRAS experimentamos. Mientras vivimos. Ni antes ni después. El INSTANTE en el que sucede lo que sucede es el aprendizaje en sí mismo. Y ese mismo aprendizaje caduca en el momento en el que acaba y sucede otro Instante. Por eso NO SABEMOS NADA. Por eso está TODO por aprender. Porque lo que te sirve para Aquí y Ahora no te sirve para el Aquí y Ahora de dentro de 5 minutos. Porque será una nueva vida-instante. Tú serás una nueva vida-instante en el que todo puede ocurrir. En el que puedes sentir cualquier emoción. En el que puedes realizar cualquier acción.

Puede PARECER que nuestro aparente cambio a lo largo de los años es permanente. Que “ya no soy así”. Que “ahora ya no reacciono tanto”. Que blablabla. Pero es sólo una apariencia. Una deducción que hacemos basada en una comparativa entre cómo supuestamente éramos antes y cómo supuestamente somos ahora. Pero ni antes éramos un determinado perfil psicológico que se comportaba siempre de determinada manera ni lo somos ahora.

La Verdad, la auténtica Verdad, es que no somos nada de todo lo que nos creemos ser, de las etiquetas que nos hemos colgado, de los “yo soy así y yo soy asá” con los que nos hemos definido y catalogado.

Somos lo que somos en cada INSTANTE. Y no es un somos que podamos ni controlar ni predecir. Porque no somos robots. No somos máquinas que estamos configuradas para pensar, sentir y actuar de determinada manera según lo que se nos presenta. No es verdad. No tenemos ni idea de cómo vamos a comportarnos. Y el “CREER QUE” es una mera ilusión. No es Real porque no ha sucedido.

HUMANIDAD COMPARTIDA es escuchar, sentir, a otra persona desde este lugar puro. Limpio de pasados y de futuros. De psicoanálisis. De juicios. De “deberías”. Es simplemente ESTAR PRESENTE con el sufrimiento del otro. Sin intervenir PARA QUE ese sufrimiento sea eliminado porque te molesta. Porque no sabes sostenerlo. Porque te has creído que sufrir es un error de la naturaleza. Porque te has creído que SENTIR, sea lo que sea, no es perfectamente humano.

Amor. Amor que ama sin Condición. Que se rinde ante lo que ES. Que Ve la Belleza en lo que etiquetamos como fealdad. Que Ve la Luz en lo que etiquetamos como oscuridad.

Amor que considera a todo lo que Vive, ya sea dentro o fuera, Sagrado. Que no necesita conectar con la Abundancia porque ya SABE que todo es abundancia. Que ya somos abundancia aunque nos sintamos carentes de ella.

¿La mejor terapia? ESTAR, ESCUCHAR Y COMPARTIR tu Humanidad.

Así de simple. Así de sencillo.

Directa al Corazón. Directa al Amor.

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