Poesía

ME ARDEN LAS LETRAS

Las Letras arden.
Me queman por dentro.
No puedo resistirme.
No puedo contenerlas.
No puedo enfriarlas.
No puedo calmarlas.
Me empujan desde las tripas para que las vomite sobre mis dedos.
Son más fuertes. Más poderosas. Más enérgicas.
Sólo me queda rendirme.
Rendirme a su fiereza.

Desaparezco del teclado. Y ‘algo’ me mueve hacia las teclas.
Es como si me hubiera depilado la lengua.
Y escupiera. Y escupiera. Y escupiera.
La mordaza que mantiene a mi libertad
tan exhausta como prisionera.

No más control. No más censura. No más represión.
Aunque hayan susceptibilidades que se hieran.
Aunque a algún que otro corazón se le hinchen las venas.
Y se le atraganten las penas.

Las Letras me arden.
Y no, no puedo. Y tampoco quiero.

He descubierto unas Alas nuevas
que se las sopla el viento
y que vuelan por los aires
cada uno de mis remordimientos.
Arrancan, de un plumazo,
de mis sesos
los conceptos del bien y del mal.
De lo correcto y de lo incorrecto.
De lo moral y lo amoral.
Y me permiten flotar
sobre un espacio vacío
de reglas
de normas
y de castidad intelectual.

Me arden las letras.
Y si no las hago bailar
sobre una pista de papel
me incineran la Vida
el Alma
y la Piel.

Y aunque mi mirada
está ya muy quemada,
aún me quedan restos de Inocencia
que deseo conservar
antes de que me hallen
LITERALMENTE
muerta.

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