Reflexiones

SUICIDIO, ACTO SUPREMO DE LIBERTAD

¿Es el suicidio un acto de valentía o de cobardía?

Es todo un debate. Algunos dirán que hay que ser muy valiente para quitarse la vida y otros que hay que ser muy cobarde para dejar de vivir. No voy a entrar en juicios. Por mi experiencia, nadie se suicida de un día para otro. Igual que a nadie se le acaba el amor de la misma manera.

Quien decide que “hasta aquí he llegado” es porque tiene tal sufrimiento en su Corazón que prefiere descansar en Paz que vivir atormentado.

Hay mucha gente que jamás ha experimentado ese dolor, ese vacío, esa soledad, esa pérdida de ilusión, esa sensación de tener el Alma completamente rota que hace que vivas sin vivir. Que te cueste hasta respirar. Hasta caminar. Hasta mirar. Hasta llorar.

Esas personas no tienen ni voz ni voto en este tema porque no pueden ni acercarse a comprender cómo alguien joven, con hijos, tan querida, sin complicaciones externas, pueda realizar ese acto.

Yo he tenido personas cercanas que se han suicidado y otras que lo han intentado. Yo he sentido esa rotura. Esa desconexión tan brutal de la vida y de mí misma. Ese sufrimiento que te traspasa las entrañas. Y entiendo que alguien prefiera estar muerto que soportando tal infierno.

Para mí la Vida es Sagrada. Tanto en las alegrías como en las penas. Tanto en la luz como en la oscuridad. Tanto cuando estoy de subidón como de bajón. Tanto cuando estoy en mi cima emocional como cuando estoy en lo más profundo de mi fango.

Ya no busco alcanzar la plena felicidad. El continuo estar arriba. Ese esfuerzo, esa lucha, ese peso tan grande en la mochila, para no sentirte ‘mal’. Ya comprendí que es una falsedad. Me rindo ante mi humanidad y, por ello, actualmente, cuando me caigo no me doy prisa en levantarme. No me presiono para sentir lo que no estoy sintiendo. Para no ser lo que no estoy siendo.

Respeto mis tiempos y respeto a mi mierda.

De igual modo, para mí también, el suicidio es el acto más supremo de Libertad humana. Porque no elegimos nacer, pero sí podemos elegir morir voluntariamente.

No me da miedo la Muerte porque he muerto ya muchas veces en vida y porque no estoy identificada ni con mi cuerpo ni con mi mente ni con mi alma. No me da miedo desaparecer porque lo que siento que SOY es permanente. Es lo único que existe. Todo esto no es más que un sueño muy lúcido.

Me importa tres pimientos que Emma se muera. Pero no será ella quien se mate a sí misma. Morirá cuando la Vida así lo decida. O no…

¿Quién soy yo para negarle a nadie su Libertad para dejar de sufrir cuándo y cómo le dé la gana? ¿Quién soy yo para negarle a nadie su propia muerte?

Eso sí que me parece egoísta. Que para yo no sufrir, el otro se joda y viva.

Somos tan dependientes del otro que les obligamos a mantenerse en pie aunque eso les llene de sufrimiento sólo para no caernos nosotros. Para no sentirnos solos nosotros. Para no sufrir nosotros.

¡Y lo llamamos AMOR! Un Amor que no respeta. Un Amor que no acepta. Un Amor lleno de miedo y de condición.

Es doloroso dejar marcha a alguien que amas. Eso nadie lo niega. Pero debemos comprender que cada uno es libre de hacer con su vida lo que quiera. Nos guste o no. Lo entendamos o no. Desde ser puta, pincharse heroína, alcoholizarse, separarse, vivir en una cueva, hacerse budista, llevar un burka… hasta matarse.

Nos encanta decirle a los demás cómo deben vivir, cómo deben sentir, cómo deben vestirse, cómo deben trabajar, cómo deben pensar. Pero que nadie se le ocurra decírnoslo a nosotros porque “yo con mi vida hago lo que me sale de los huevos y del coño”.

¡Claro! Pero nos olvidamos que los demás también.

Y en ese ‘lo que me sale del coño’ no hay excepciones. No hay peros que valgan. O todos somos ‘libres para‘ o ninguno lo es.

El problema no es que mi padre, mi madre, mi hermana, mi amiga, mi pareja se suicide. El problema de verdad, el que nadie quiere ADMITIR, es todo lo que implica, lo que hay detrás de:

¿Qué va a ser de mí sin ellos?

En el fondo, fondo, fondo… nos da igual el otro. Nuestra máxima preocupación es SENTIR, con su ausencia, lo mismo que les ha hecho a ellos quitarse la vida. Pero de esto, ni siquiera nos damos cuenta.

Ahí lo llevas.

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