Reflexiones

LA TRAMPA DEL EGO

¿Sabes quién es el que pretende adiestrar al ego? El mismo ego. Ésa es su mayor trampa. Trampa en la que seguimos cayendo una y otra vez.

Al ego, al personaje, a sus creencias, a sus historias, hay que dejarlo en Paz. Hay que darle su espacio para que fantasee, para que juegue, para que interprete su papel.
El Ego siempre será ego. Jamás se convertirá en tu Alma, en tu Esencia. Por mucho que lo ilumines. Por mucho que le pintes Alas. Por mucho que lo vistas de compasión, de honestidad, de bondad y de sensibilidad.

El Hogar no habita ahí. Respira en otro espacio. En otro lugar al que el ego no puede acceder.

Olvídate del ego y de las falsas heridas en las que te ha atrapado
Para salir del laberinto del Ego no tienes que encontrar su salida recorriendo cada uno de sus rincones oscuros para encenderles una vela. Eso es como el pez que se muerde la cola. El Ego SIEMPRE te creará un rincón nuevo para que no escuches el Silencio. Para distraerte de La Verdad.

No se puede conocer al ego puesto que es el mismo ego el que se quiere conocer. Y te dará las respuestas que más le convienen para mantenerte anclado a él. Para que sustituyas a un personaje por otro más espiritual. Por otro personaje más.

Sólo tienes que realizar un ‘salto de lugar’ dejándotelo de CREER.

¿Cómo? No tengo ni idea. Simplemente sucede. Y ‘te das cuenta’ de la diferencia entre una voz y la otra. Entre su voz y la del Corazón (Alma, Ser, Esencia, Amor, Dios, Silencio, Hogar). 
No TU Corazón (si hay un tu, hay separación y es ego) sino EL Corazón (Unidad). Es el mismo para todos.

DESPIERTAS de ese sueño. Y en ese momento SABES que el ego no se puede mejorar ni controlar ni manipular ni sanar ni evolucionar. Sólo te hace creer que sí para que sigas dormido. Para que sigas en el mismo sitio, aunque lo coloree de distinto. 
El personaje con todas sus historias y su personalidad sigue existiendo, pero pasan a un segundo plano donde no les das ninguna importancia porque SABES que no son reales. Que sólo forman parte de la película. Entonces es cuando te liberas de él y te permites ser él también, teniendo la absoluta certeza de que únicamente estás “actuando”.

En el Hogar no hay nada que cambiar. No hay nada por lo que luchar.

Todo es perfecto tal y como es. Tanto dentro como fuera. Incluido el sufrimiento, el vacío, la rabia, la ira, la tristeza y la soledad. Incluido el propio Ego, sea como sea.

Y si no sientes esa Verdad, es que sigues perdido en su laberinto. Prisionero de él. 
Lo cuál, también es perfecto.

Pero ahí no reside ni La Verdad ni la Paz ni la Libertad.

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