Reflexiones

EL DÍA QUE DECIDÍ AMAR EL MUNDO

Fue un día cualquiera. Sin hora. Sin fecha. Tenía la sensación de que algo había cambiado. El escenario era el mismo pero desprendía otro aroma. Un aroma con sabor a Libertad. Con sabor a ‘uno mismo’. A Paz.

Y entonces lo entendí. Entendí las grandes verdades que se ocultan entre las grandes mentiras. Entendí lo que tantas veces había leído, escrito, visto y escuchado. Entendí que siempre había estado ahí. Esperando que lo Viese. No con los ojos, ya se entiende.

Llevaba años caminando hacia ella. Hacia esa sensación de ‘respirar en paz’. Y aunque era conocedora de ella, no la SABÍA. Así, en mayúsculas. Ese saber que ocupa todo tu espacio. Todo tu lugar. Que impregna cada célula de tu cuerpo. Cada esquina de tu mente. Cada duda que te hacía regresar a tu no-Hogar.

Y es así de simple:

AMARTE A TI TAL CUAL ERES. AMAR EL MUNDO TAL CUAL ES

La de veces que habré repetido esta frase. Y sabía que era cierta, pero no me la acababa de creer. Mi mente siempre aparecía, con todas sus herramientas y estrategias, para darme la vuelta. Para llenarme de dudas. Para vestirme de ‘alguien’ e identificarme, de nuevo, con él.

Pero ese día fue distinto. Decidí (sin decidir) apostar por esa Verdad. Decidí (sin decidir) saltar a su vacío, con todo lo que el vacío conlleva. Decidí (sin decidir) no volver atrás.

Y ahí me quedé. Y ahí sigo ESTANDO. Ya, sin necesidad de creer. Ya, sin necesidad de repetirme ese mantra una y otra vez.

Amarme a mí tal cual soy. Parece prácticamente imposible. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo me amo si no me estoy amando? ¿Cómo me amo cuando me estoy repitiendo constantemente que tengo que ser de otra manera y me lo estoy creyendo?

No se puede. Es imposible.

Mediante técnicas, cursos, sanaciones, meditaciones, disciplina y esfuerzos no se alcanza a Amarse de manera Incondicional. Eso no significa que no tengas que seguir ese camino si es así como lo sientes. Pero esto tampoco significa que ese camino sea la causa de ese Despertar.

Ya sé que para la mente, para la razón, sí la es. Pero es un blanco y en botella muy tramposo. Que no sirve para lo que sucede en Realidad.

Hay un ‘algo’, que habita en el Más Allá (que está justo Acá), que es el que lo decide, independientemente del tipo de camino que hayas recorrido. Por eso, da igual lo que hagas o dejes de hacer porque ese destino, ese objetivo, no depende de ti alcanzarlo. Y éste es otro “día en el que me rendí al más allá“.

Amarme. Con todo lo que llaman defectos, imperfecciones y oscuridad. Amarme en mi rareza. En mi locura. En mi particularidad. Amarme cuando me encierro en mi cueva. Cuando reniego de las personas. De la sociedad. Amarme cuando me siento insegura, cobarde, vacía, sola, fracasada o totalmente devastada. Amarme en cada decisión. Equivocada o no. En cada pensamiento aterrador. En cada obsesión. En cada hedor que desprende mi mierda. En cada falta de amor.

Y al amarme así, sin mandamientos, sin requisitos, sin condición y sin justificación, el juicio hacia mí misma, con su condena y castigo, dejan de tener cabida. Desaparecen de mi mapa. Y paso a ser simplemente YO.

Y no es que dejes de tener pensamientos impuros o de sentir esas emociones que molestan. No te conviertes en un Santo ni en la Madre Teresa de Calcuta. No vuelas ni levitas ni ves rayos de colores ni tienes mirada ultravioleta. No estás orgasmizada.

Simplemente dejas de juzgarte. Y como el juicio ha desaparecido, ERES lo que eres. Sin NECESIDAD de ninguna excusa. De ningún propósito. De ninguna misión. De ningún motivo. Y de ninguna calificación.

Con total RENDICIÓN a ti.

Y, al unísono, como es dentro es fuera, Amas de igual manera el Mundo que tus sentidos ven. Y sientes que todo está bien, aunque sea una puta mierda. Aunque tu mente lo aborrezca. Desde las guerras, la violencia, los maltratos, los abusos, las violaciones, los robos, los asesinatos, los chantajes emocionales y no emocionales, las adicciones, las pobrezas, los sufrimientos y las frialdades… hasta los tsunamis, los incendios, los terremotos, las sequías y los huracanes.

Suena a psicopatía. A persona anti-empática. A desconexión total de tu compasión, de tu humanidad. Pero es que este tipo de AMOR, el Incondicional, no es humano. El humano está repleto de condiciones. Yo no me estoy refiriendo a ése, sino al de Más Allá.

Sientes que todo es perfecto tal y como sucede. Que tú eres perfecta. Que las experiencias son perfectas. ¿Para qué? No lo sé. Ni lo necesito saber. Son las que son. Soy lo que soy.

Da igual lo que tu hijo sea y haga. No vas a dejar de Amarlo por ello, por mucho que no te guste ‘quién sea’. Pues así es como se AMA de Verdad. Sintiendo ese amor y ya está.

El bien y el mal se borran con el Amor Incondicional

Por eso, no hay nada ni nadie por lo que luchar. Al que transformar. Al que mejorar.

Desde ese día nazco y muero en cada instante. Puedo serlo todo y al instante siguiente, nada. He dejado de tomar decisiones para que las decisiones me tomen a mí.

Dejé de querer cambiar el Mundo para sencillamente AMARLO.

Y pude respirar, por fin, en Paz.

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