Reflexiones

LA CARCELERA MORALIDAD HUMANA

Nacemos totalmente amorales. Sin tener ni idea de qué es eso del bien y del mal. De lo que es correcto y de lo que no lo es. Y en esa amoralidad, somos absolutamente PUROS.

Poco a poco, nos van metiendo en la cabeza esa separación entre quién eres tú y quién soy yo. Entre qué es el Mundo que percibo con mis sentidos y qué soy yo. Y ahí me voy identificando con mi cuerpo, con el personaje que se me va creando, con mis emociones, mis sentimientos y mis pensamientos.

Y empiezo a perderme al crear una identidad que cada vez me irá alejando más de mi naturaleza amoral.

De ahí surgen todos nuestros conflictos internos. De esa lucha entre los dos polos que nos hemos creado dentro. Cada uno el suyo. Porque para lo que mi identidad-personaje está bien para la tuya estará mal. Y queremos poner a 7.000 millones de identidades, de culturas tan dispares, en común. Donde el bien de uno sea el bien de todos. Donde el mal de uno sea el mal de todos.

¡Santa Inocencia!

No es evitable. Forma parte de nuestra humanidad esa separación. Esa formación de una moralidad específica.

¿Nos podemos desprender de ella? Yo creo que ni con una exterminación total (para volver a empezar) de la humanidad actual sería posible. Que forma parte de nuestra condición humana (independientemente de lo supuestamente evolucionada que nuestra conciencia esté). Siempre acabaremos creando el concepto del bien y del mal, de una forma o de otra, con todas las consecuencias que derivan de ello.

Podemos dejar de creérnosla a pies juntillas. Podemos ir más allá de esa “educación” y cuestionarnos ese concepto. Un bien-mal que no nació con la religión sino con la humanidad. Un bien-mal que está en cualquier ámbito: político, social, religioso, espiritual, cultural…. Y que cada uno le añade, además, el suyo.

Y surge la represión. Y de la represión, la culpa. Y de la culpa, el castigo. Auto o no autoinfrigido.

Una represión tanto interna como externa. Una represión que te ahoga tanto que te lleva a realizar actos indecentes e inhumanos.

La moralidad te acaba arrebatando tu Humanidad

“Pero sin esa moralidad, sin esos valores, el Mundo sería un infierno”, podrías pensar.

Entonces, ¿los bebés son el demonio porque carecen de ella?

Nuestra naturaleza es pureza. No necesita ser purificada porque ya lo ES. No necesita ser educada ni protegida ni vigilada ni controlada. Pero como hemos sido educados DESDE EL MIEDO, desde esa moralidad, nosotros hacemos lo mismo.

Educar desde el miedo (consciente o inconscientemente) nos lleva a crear personas que reaccionen de la misma manera. Miedo a perder su moral, su identidad. Miedo a no ser lo perfectos que les han impuesto que sean.

Desde pequeños hemos sido castigados si nos portábamos mal. “Da igual” el castigo. Si es con una bofetada, una paliza, un ‘no salir con los amigos’, un ‘no irás al cielo’ o un ‘te volverás a reencarnar’. Sigue siendo un castigo, por muy de no castigo que se intente disfrazar. Sigue siendo una aprendizaje carcelero a través del miedo.

Y así vamos madurando. De castigo en castigo. De miedo en miedo. De generación en generación. Sembrando y cosechando la semilla del miedo en nuestro corazón.

Sustituyendo una moralidad por otra. Por otra que creemos mejor, más buena, más consciente, más espiritual, más evolucionada. Igual de represiva. Igual de condicionada. Igual de manipulada.

Nos creemos que vamos hacia delante, que vamos por buen camino, pero seguimos en el mismo lugar de separación. Sólo cambia el escenario. La época. El día, el mes y el año.

Por mucha Luz que tenga la cárcel, seguirá siendo una cárcel

Nos sentimos superiores por tener una moral, unos valores que consideramos mejores. Y señalamos con el dedo del prepotente verdugo a aquellos que no pertenecen a nuestro Club Moral.

Y yo me río de esos superiores que se miran cada mañana al espejo y no saben ni quienes son. Que están tan reprimidos que han llenado su cama y su armario de disfraces, de máscaras y de maquillajes. Y se pasean con ellos por la calle para que nadie se dé cuenta de la farsa que son. Y se saludan muy farsamente…, criticándose los unos a los otros con su veneno vertiéndose sobre sus labios. Despellejando cualquier disfraz con el que se topan.

Cualquier disfraz menos el que llevan puesto.

Y yo me río. Sí, me río a carcajadas de su perfil de marioneta. Para luego reírme de mí por señalarles a ellos con el mismo dedo.

No. No podemos librarnos de la moralidad. Lo que sí podemos hacer es ser honestos. Y dejar de ser tan hipócritas.

Y poco más.

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