Reflexiones

QUITARSE EL ANTIFAZ

A veces, nos quitamos la máscara pero nos dejamos el antifaz. Por si acaso…

La Vida nos está llevando continuamente a que nos desnudemos el rostro. Las experiencias que tenemos, desde las más dolorosas hasta las más gozosas, nos indican el lugar en el que habita esa Desnudez. Esa transparencia. Esa Autenticidad.

Estamos rodeados de normas: éticas, morales, religiosas, espirituales, sociales. Son las que van formando esa máscara que tanto afecta al Alma. Que la mantiene oculta, escondida, esclava, retraída. Nadie nos libramos. Todos somos contaminados.

Hay una sensación de ahogo. De molestia interna. Como si fuésemos prisioneros. Prisioneros de nosotros mismos. Y, a medida que va pasando el tiempo, esa máscara te va pesando cada vez más. Como si en lugar de estar vestida de piel, lo estuvieras de piedras. De muros. Que te impiden respirar en libertad.

Hemos metido en el cajón de lo prohibido, de lo mal visto, de lo políticamente incorrecto, de lo pecaminoso… tantas cosas (que no son cosas…) que abrirlo se nos hace prácticamente imposible. Primero, porque ya ni sabemos dónde lo pusimos. Y segundo, porque mirarlo de frente, SENTIRLO, no es agradable.

Y para eso está la Vida. Para llevarnos hacia su puerta o para zambullirnos directamente dentro de él.

Nos hemos metido tantas ideas, tantos conceptos, tantos DEBERÍAS, en la cabeza, que llega un momento en que unas pelean contra las otras. Cada una luchando por tener la Razón. Para no ser eliminadas. Para no ser desterradas.

La incoherencia, la duda, el desconcierto, el no saber se apoderan de ti. Y te preguntas:

¿Cuál es la verdadera?

Y te has creído tanto cada una de ellas que no tienes ni idea de la respuesta. Es como creer que la Tierra es plana y a la vez redonda. No tiene ningún sentido, ¿verdad? Es totalmente incompatible una con otra. De ahí surge tanto conflicto. Y del mismo ahí, esa enorme explosión que se produce en tu interior.

Explosión que es tu salvación. Todas esas ideas, teorías, creencias, conceptos, normas, estallan. Y con ellas, todo el caos que te atormentaba.

Después de ese Big Bang mental le sigue un tiempo de reposo. De retiro. De Silencio. De asimilación de lo ocurrido. De reflexión. Necesario. Muy necesario. Porque te sientes muy sensible, vulnerable, fuera de lugar. Sientes cómo esa explosión se ha llevado consigo gran parte de ti. Cómo ya no eres la misma de antes. Cómo ya no te puedes relacionar de igual modo con las personas que formaban parte de tu vida.

Y entra en juego otro nuevo no tener ni idea de qué va a suceder.

Pero hay serenidad, hay paz. Hay una sensación de libertad. De no estar encadenada. De caminar ligera. De haberte desprendido de las absurdas creencias que te exigían ser de una manera determinada para ser aceptada y amada. Exitosa, abundante, alegre, graciosa, luchadora, sabia, valiente, fuerte, buena persona, positiva, segura, culta, independiente, desapegada, equilibrada, femenina, sensual, inteligente, serena, delgada, habladora, sonriente, sociable, rica… bla bla bla.

Manera determinada que cuando no era sentida, te frustraba. Te juzgaba. Te castigaba. Y te condenaba al exilio de lo que “a estas alturas ya deberías”.

¡Cuánto sufrimiento! ¡Cuánto peso en la mochila!

Y todas esas ideas, conceptos, normas, creencias vienen de algo tan básico como de ser incapaces de sostener todas y cada una de nuestras emociones. Emociones que forman parte de nuestra humanidad. Que algunas las hemos etiquetado como errores, como malas, como incorrectas. Y cuando las sentimos, en lugar de SENTIRLAS sin más, en lugar de ofrecernos como su Hogar, les cerramos la puerta en las narices. Las rechazamos. Y las pretendemos eliminar CREANDO caminos hacia la eterna felicidad a los que nunca llegamos porque no existen. Porque forman parte de esa mentira que nos hemos inventado para huir de esas emociones que no nos gusta sentir.

Hay muy pocas personas que tengan un problema de verdad que deba ser tratado por un especialista. A la mayoría, lo único que nos ocurre es que nos hemos llenado la cabeza de pajas mentales que nos vuelven locos y nos hacen creer que estamos enfermos, que tenemos algo que curar y que HAY QUE ser perfectos para entrar en el mundo de los cielos (o como haya ido evolucionado el nombre…).

Y ahí es donde nos perdemos. Cuando buscamos lo que no se puede encontrar porque jamás se ha perdido. Cuando pretendemos sanar de mil y una maneras lo que jamas estuvo herido.

Evidentemente, si estoy con una pareja que no me respeta ni me trata bien, lo que debo tomar no es una terapia sino una decisión. Y no digo que no se pida ayuda cuando te sientas sobrepasado por la situación. Pero por muchas tiritas que te pongas mediante las diferentes terapias que hay, si sigues con esa persona, no te servirán de nada. Es de cajón.

No estás enferma. No estás incompleta. No tienes ningún trauma. Sólo has elegido mal. Vuelve a escoger y ya está.

Pero nos da miedo tomar ese tipo de soluciones porque le tememos a la soledad. Y en lugar de sostener ese temor, reaccionamos huyendo de él. Ya sea permaneciendo en un lugar, con una persona que no nos hace bien, como distrayéndonos con un libro, un curso, un retiro, una técnica, una herramienta o mil de ellas. Creyendo que nos salvarán. Que aniquilarán todos nuestros temores. Que se caerán por arte de magia sin hacer nada nosotros.

Es muy infantil esa huida. Y libre también, por supuesto. Pero no te dará la Libertad que anhelas. Ésa sólo viene DE TI y de nada ni nadie más.

Lo siento pero sólo abriendo y sintiendo ese cajón que tanto tememos podremos respirar en paz. En una paz que no surge de un delirio espiritual ni no espiritual. Y no hace falta acudir a ningún sitio o persona para acceder a él. La Vida es la que se encarga de eso. No es necesario ser masoca (no hay que confundir masoquismo con valentía).

Sólo siendo CONSCIENTES de que la Vida lo es TODO, aceptando esta Verdad, podremos vivirla sin miedo (aunque sintamos miedo, que no es lo mismo). Si no, todas nuestras decisiones serán tomadas en base a ese miedo a Vivir. A Sentir. Sea lo que sea. Desde frustración, impotencia, desolación, vacío, soledad hasta la más infinita plenitud.

Nada está fuera de la Vida. Nada está fuera de Sernos. Y cualquier idea, creencia, que nos hayamos metido por vena que indique lo contrario es una mera ilusión, fantasía, utopía, que nos mantiene el corazón y el alma encorsetados.

¿Quieres dejar de temerle al miedo? Sé el Miedo.

Así de simple. Así de sencillo. Así de práctico. Así de real.

No tienes ningún lugar al que llegar más que donde ya estás.

Date permiso para sentir lo que sientes con toda su intensidad. Sé el Hogar para ti que tanto anhelas encontrar.

Y con el resto es fácil: ELIGE LO Y A QUIEN TE HAGA BIEN.

Quítate el Antifaz, mírate al espejo y descubre tu Belleza Real (que incluye lo que has etiquetado como fealdad).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.